En la vida diaria existen ocasiones que tienes que tomar decisiones que incidirán en lo posterior. Muchas de esas decisiones son influenciadas por el amor, decimos sí, sin antes pensar en las consecuencias, cualesquiera que estás sean. Así va uno en la vida con tiempo que no le pertenece, pero lo hace propio y por invitación, amable y amorosa, llega a la mesa 3, biopolítica y sexualidad. Acompañando a la mejor compañía entramos en el Aula B1 de la unidad de estudios avanzados, buscando un espacio donde sentarnos juntos. Entrar y estar en la ignorancia de lo que iba a escuchar, me daba cierta incertidumbre sobre mi existencia en ese momento y en ese lugar, en contraparte de la certeza de estar con la mejor compañía posible en ese instante.
Escuchamos a Víctor Hernández disertar sobre los términos de biopoder y biopolítica establecidos por Foucault en varios de sus libros, pero sobre todo en “Seguridad, territorio, población” y “nacimiento de la biopolítica”, en su ponencia Foucault, biopolítica y Neoliberalismo, poniendo énfasis en la separación de los conceptos de biopoder y biopolítica. Para Víctor, aunque Foucault usa los términos de biopoder y biopolítica de manera indistinta, debía de haber una separación clara de cada uno, biopoder expresado en el ser, en el cuerpo y las posibilidades de ejercer la libertad de modificarlo; mientras biopolítica haría referencia al actuar de las instituciones y del gobierno, su injerencia en los ciudadanos y el medio ambiente. En este último es donde empataría el análisis al neoliberalismo, como sistema económico que debiera ser biopolítico y aplicar para un beneficio del ciudadano.
Con el título libertad y sexualidad en Kant y Sade Roberto Estrada pone las diferencias sustanciales entre el pensmiento del filósofo y el escritor, que también planteaba sus postulados entre su prosa evocativa. La primera razón que da es por pertenecer a la misma época histórica, ilustrados ambos comprenden aspectos contarios sobre un concepto en particular, la castidad. Roberto parte de que el pensamiento de ambos es directamente proporcional a su vida sexual, mientras Kant vive en la castidad y estuvo soltero toda su vida, es por demás conocida la vida más libre con la que vivía Sade. En un primer esbozo, es a partir de ellos y su comportamiento en la vida social, por donde se establece la más clara oposición en su forma de vida y ello se traslada a su pensamiento. En Kant es más evidente por la fuerte carga académica y filosófica de sus textos, mientras que en Sade la deja entrever entre su prosa, a decir de Estrada, sus escritos son teoría y práctica. He de recordar, porque hace mucho que no revisito la obra de Sade, que planteaba en su obra algún tópico, como la virginidad, y hacía que sus personajes plantearan su ver sobre ella y después procedían carnalmente a desaparecer la virginidad de Justine.
La castidad de Kant como virtud máxima de la razón humana, no veía el acto sexual como algo posible y apegado al ser humano, sino que el sujeto se cosificaba y perdía su humanidad, el acto sexual sólo se podía dar ante el permiso dado, bajo la ley del matrimonio y con el fin de trascendencia, esto es, de procreación. Así, el hecho de no copular y no tener una mujer era en sí mismo el más alto ejemplo de humanidad gobernada por la razón, al no caer en impulsos animales. En cambio, Sade, habla de la libertad del ser, de su cuerpo y sobre todo de su sexualidad, donde la castidad es una de las falsas virtudes que limitan al hombre, y mujer, que no dejan que se acepte tal y como es. La castidad como un prejuicio absurdo y ridículo deja entre ver una falta de conocimiento y libertad del cuerpo y la sexualidad, cosa que también, Sade, criticaba del matrimonio por ser un grillete para ejercer libermente el amor y la sexualidad ante lo que uno quisiera. Encontrar un punto medio entre estos dos pensadores ilustrados será nuestra tarea, recobrar al Sade republicano y al Kant ético y moral.
La ponencia que siguió, La eticidad del erotismo: una comparación del amor femenino en las filosofías de Emmanuel Levinas y Enrique Dussel con Luis Díaz plantea la visión justa y coartada del otro de Levinas y la contrapone ante la mirada liberadora de Dussel. Partiendo de la visión del otro desde la perspectiva judía y occidental que tenía Levinas, donde la mujer y el amor no eran parte de una equidad dentro del otro, sino un aparte de él y por ello supeditado. Dussel desde su mirada más latinoamericana, recordando que no habría que buscar la filosofía latinoamericana porque ya al pensarla estaba ocurriendo, asume la libertad de servir al otro. Aunque Dussel parece provenir de la misma escuela que Levinas, se separan diametralmente, uno al pensar en el yo en función del tú, mientras que el planteamiento más eurocentrista se basa en el otro como sujeto en oposición al objeto. En ciertas partes podríamos decir que el pensamiento de Levinas no se adapta a esta contemporaneidad, pues piensa el otro como el hombre-macho y a la mujer como sujeto fuera de él. Dussel va a la par de la liberación, de la decolonización y rompe con la idea del otro como ente ajeno, entenderlo en un conjunto que tiene relaciones con él mismo y su entorno, los otros.
A diferencia del día anterior, en esta mesa eran cuatro ponentes, la premura y la escases de tiempo fue impedimento para tener una perspectiva clara de la exposición y varias dudas salieron a flote, pero ninguna fue rescatada ni dicha, así que quedo de tarea personal.
Roberto Sánchez presentó Charles Fourier y una crítica apasionada al mundo industrial, al principio quise darle sentido a la pertinencia de su ponencia en la mesa, puesto que los temas anteriores habían planteado una cercanía con la sexualidad, género y la biopolítica, no encontré el punto de encuentro. El tiempo consumió las reflexiones, pocas preguntas y respuestas a bote pronto, salimos para dar paso a lo otra mesa. Me perdí unos instantes en los ojos cafés que tenía frente a mí y me despedí. Un encuentro con el deseo de Sade en el corazón y el control moral de Kant en la mente, así me alejo de la unidad de estudios avanzados y de mi compañía. El pensamiento y la razón se encuentran, se entrelazan y se diluyen entre el viento gélido de la tarde y la aceleración del corazón. XDC-MMXVIII