Anoche soñé contigo, soñé que algo se fundía, que la conexión por fin se realizaba, soñé que estabas, soñé que compartíamos, soñé. Y en eso se quedo, en un sueño, sigo esperando sentado en la banca tu llegada, quedamos de vernos a las 10 y son más de las 11. Reviso el Whats, tu última conexión fue a las 9:42, 18 minutos antes de la hora convenida. Sí, me dirás que sabes contar, que no tengo porque ser tan específico. 11:36, te quiero marcar, pero no quiero verme insistente. Así ha sido desde que te conozco, no he sido insistente, estoy siendo cauteloso, buscando los momentos adecuados, los segundos exactos para decirte lo que me haces sentir. Siento que me reprimo cada vez que veo tus cabellos rizados, quisiera tomarlos, besarte, tomarte de la cintura, sentirte cerca, pegada a mi cuerpo, impregnarme de tu olor, bajar las manos al trasero y sentir su redondez. 11:42, me iría, pero guardo la esperanza de perderme en tu sonrisa, verte mirarme desde el lado opuesto de la cama, desnuda, descubro tu oreja, acomodando tu cabello detrás, te beso suavemente, sintiendo tus labios suaves desaparecer en los míos, recorro tu piel, me entretengo en tus pezones, grandes, oscuros. Tus senos caben en mi mano y los engullo, reafirmando su dulce sabor. 11:56, el sol comienza a calar, veo el celular y sigue sin dar una buena novedad. Bailarina eres, andar garbo y estilizado, sin ningún reparo a tomar las posiciones menos comunes y más excitantes, no es necesario visitar el kamasutra, nuestra pasión e inventiva pueden resolver cualquier dificultad. Saboreo tus jugos, siento tu cachondez en mi mano, después de tocar tu pubis e introducir dos dedos en tu cavidad. Viscoso, caliente, salado, agrio, dulzón, canela o arándanos, no lo sé, aún no lo he probado. Hoy podría ser un buen día, 12:03, y siento que paso un segundo, volteo a todos lados para ver si alcanzo a verte llegar, reviso el whats, no hay novedad, sigo esperando una respuesta que parece nunca llegará. El deseo de verla, crece, 12:11, desespero, me levanto mientras pienso a dónde dirigir mis pasos. Vuelvo a sentarme, siento tus brazos abrazarme desde la espalda, volteo y sonríes con tu cabello alborotado, el sentir tus pezones en mi espalda encienden nuevamente mi pasión, volteo, te tumbo sobre tu espalda, te beso, tomo tus muslos y los acomodo a mi cintura, penetro con suavidad, mi verga se siente envuelta, caliente, acogedor, aún con el condón puesto, el vaivén es suave, intermitente, poco a poco toma ritmo y constancia, espero tus gemidos, tus palabras o tus gritos de aprobación, mientras tu rostro sigue sonriendo frente a mí. “Hola, ¿qué haces?” a contra luz tu cabello forma un halo divino. “Aquí esperando”. “Mira, Fer mi marido y mi hija. ¿Y qué esperas?”. Sigues sonriendo, como si la casualidad fuera la culpable de mi estancia en esa banca. “Mucho gusto, encantado”. “Y bueno, ¿qué haces?”, “ya sabes, aquí nada más, soñando la posibilidad de lo imposible”. XDC-MMXVIII